Rafael Jiménez
martes, 6 de noviembre de 2012
TRISTE=CHISTE MALO
¿Qué haces hijo? -pregunta la madre-, Pues jugando con lo que me sale de los huevos -responde el hijo-. La madre airada le suelta un tortazo y el niño llorando le dice: Pues si no te gusta ¿porqué me compras huevos Kinder?
lunes, 5 de noviembre de 2012
EL BALANCE
En algún momento de
nuestra vida debemos hacer un balance. Parece ser que la mayoría lo hacemos
tarde, cuando ya no podemos remediar nada y remedar menos. Nos comemos la vida
a puñaos sin tomarnos un tiempo de respiro.
Deberíamos hacer como las
escaleras, cada x peldaños un descansillo, pero nadie nos enseña a hacerlo así.
Y mira que somos tontos, parece que tenemos prisa por llegar a la meta… que es
nuestro fin. Salvo para los creyentes a machamartillo –deseosos de reunirse con
el Creador- no tiene sentido, ¿por qué tanta prisa?
Ya desde pequeños queremos
ser “mayores”,qué inconscientes éramos. Los niños para poder fumar e ir al
cine de adultos, las niñas para ponerse las medias y los tacones de mamá.
Después para casarnos –de verdad que era por eso- y tener una familia –que sí,
que era así- y nuestra casa.
Una vez conseguido eso
hubiera sido un buen momento para hacer un primer balance. ¿Tú lo hiciste?, yo
no. Teníamos prisa por vivir.
El principal acicate era
el dinero, vivíamos por y para el dinero como meta de nuestros logros sociales,
lo cual no es que fuera muy edificante pero era práctico por aquello de que si
el dinero no da la felicidad es lo que más ayuda a conseguirla.
Ahora es
simplemente para sobrevivir, qué lástima. Porque a la vez los priva de los
logros que tuvimos muchos en los sesenta-ochenta, ¿qué balance podrían hacer
hoy las personas de treinta años, más, menos?
Muchos hacen un semi balance
cada 31 de diciembre ante el umbral del año nuevo, que se nos antoja distinto,
maravilloso, prometedor…
Qué bonita es la ilusión y
lo que dure, dure.
La pregunta es: ¿si no te
gusta lo que estás haciendo, te planteas a modo de balance, cada día, semanal,
anual o periódicamente ver como cambiarlo? A veces no es necesario tirar la
casa por la ventana, los cambios pueden ser mínimos, pero periódicos y
constantes, recuerda a Lao Tsé: “el camino más largo comienza por un primer
paso”.
Pero aparte de lo
meramente crematístico quisiera hablarte del balance interior, balance viene de
balanza=equilibrio y ahí está el quid de la cuestión. Mirarse al interior no
suele ser muy positivo, tanto más, cuantos más errores acumulemos en nuestra
vida. Pero no hacerlo nos avoca a cometer más. Ya no tenemos la autocensura
innata que nos metían a machamartillo, vivimos en la complacencia.
Vemos como se ha
reinventado la auto ayuda, pero ayudados por mil cursos, charlas, libros,
psicólogos y para casos graves, psiquiatras.
Yo os aconsejaría volver a
los orígenes, a Aristóteles padre por acreción de la Metafísica, que escribió
para sí mismo, no para divulgarlo y hablaba sobre el ser y el porqué del ser.
Después te diría que te dieras una vuelta por otros adláteres de la filosofía y
entraras en la teología, te ibas a sorprender lo tremendamente complicado que
hacemos lo más sencillo.
Qué fácil sería así recuperar el equilibrio interior. Pero
hay que currárselo amigos.
Rafael Jiménez
FREQUENCIA
ARTÍCULO NUEVO CADA LUNES, MIÉRCOLES Y VIERNES
(aunque
sea fiesta) y los demás días: greguerías, tonterías, fruslerías, naderías…
Guarda la dirección:
http://librosrafaeljimenez.blogspot.com.es
domingo, 4 de noviembre de 2012
LA FRASE DE HOY
¿En qué se parece el hombre al juego de parchís? En que se comen una y cuentan veinte.
¿En qué se parece la mujer al juego de las damas? En que se la montan veinte y callan diecinueve.
Dedicado a mi amiga Karol, que hoy es su Santo. Rafael Jiménez
¿En qué se parece la mujer al juego de las damas? En que se la montan veinte y callan diecinueve.
Dedicado a mi amiga Karol, que hoy es su Santo. Rafael Jiménez
sábado, 3 de noviembre de 2012
EL LIBRO ESTÁ A LA VENTA
Queridos amigos, os
informo que el libro ¿te he dicho hoy
que te quiero?, está a la venta. Es una autobiografía de mis mejores años,
en la juventud y primera madurez. Una vida preñada de anécdotas, aventuras
dispares y con dos ingredientes básicos: la religión y el sexo. Dos componentes
de imposible maridaje y de ahí mi lucha constante entre esos dos mundos. El
único nexo de unión es el amor, el que creí prodigar toda mi vida y así me
gustaría que resultara la lectura: un libro de amor en vez de duro sexo, a
pesar de lo explícito del lenguaje. Arriba tenéis dos entradas: ¿te he dicho
hoy que te quiero? y Extractos de capítulos, donde hay varios retazos de la
obra.
Está disponible en Amazon,
formato kindle. Os espero.
Rafael Jiménez
viernes, 2 de noviembre de 2012
EL HONOR
Siempre me mosqueó el
artículo 18 de la Constitución que nos habla del derecho al honor, intimidad e imagen de las
personas. Piénsalo fríamente. Nos están garantizando algo que se tiene o no se
tiene y que siempre lo tuvieron las personas digno de él. Era un aviso, ahora
lo veo claro, de que ¡ojo! de qué se hablaba, de qué se decía sobre todo de
quién.
Los Constitucionalistas –yo no lo soy- estaban curándose en salud de la
impunidad por los actos que acabarían cometiendo, como los que estamos viendo.
El honor, como el respeto,
no se exige, se gana. Por más leyes que nos opongan, seguiremos llamando
sinvergüenzas a los que lo son, pero eso sí, a riesgo de que nos multen por
decir la verdad. La verdad nació muerta ya lo sabemos pero es que hoy está
enterrada.
Me recuerda un dicho:
“¿Dices que no tienes enemigos, es que no has dicho nunca la verdad?” Si, la
verdad no gana amigos, es incómoda.
Lo que no se puede negar
es que esta democracia nos ha cambiado. Sólo contenta a los antaño
descontentos, marginales y desviados.
Y a las nueva
generaciones, que han nacido con ella y se les ha impuesto en esta nueva
sociedad, sin que las personas de más edad hayamos ejercido nuestro derecho
-más bien la obligación- de reconducir esta sinrazón hacia cauces más lógicos,
la de menos derechos y más obligaciones, la de la vida del esfuerzo para
conseguir dignamente los objetivos, la de unos principios éticos que hacen
innecesarios la mitad de los artículos de esta Constitución hija de…. no sé cuántos
padres.
La persona de bien –hoy es
muy difícil serlo- no necesita corsés impuestos, como todo ser vivo necesita de
aire limpio y aguas cristalinas. Ahí es donde deben de incidir los mandamases,
no en blindarse del qué dirán.
El primer código de
conducta fue el de Hammurabi, una serie de leyes básicas y lógicas: si matas,
te matamos. Si robas vas a la cárcel… Esto era justicia.
Después los romanos lo
complicaron de manera supina y de hecho nuestras leyes actuales están basadas
en el derecho romano. Pero nosotros lo hemos complicado hasta la extenuación,
de tal manera que hoy día no existe la justicia, existe la ley, que cada día
los de “arriba” engordan con un nuevo vericueto, una nueva trampa para seguir
escatimando justicia en favor de “su” ley.
Ya dijo Cato –senador romano- lo de “dura lex,
est lex” o sea que “la ley es dura pero es la ley”. Pues gracias Cato, pero
preferíamos la justicia.
Antaño el honor te lo
ganabas con tu conducta, trayectoria y méritos. Hoy te lo dan hecho.
Rafaél Jiménez
jueves, 1 de noviembre de 2012
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